Hablar del sistema de salud colombiano es hablar de una estructura que ha sobrevivido a pesar de sí misma. Durante décadas, los ciudadanos han tenido que acostumbrarse a un modelo en permanente tensión: EPS al borde de la intervención, hospitales públicos asfixiados financieramente, médicos saturados y pacientes obligados a volverse expertos en tutelas para garantizar derechos básicos. Lo preocupante es que esta crisis, lejos de ser coyuntural, ya parece estructural.
En medio de esta tormenta nacional, el caso del Hospital Manuel Uribe Ángel (HMUA) en Envigado se ha convertido en un termómetro para medir la salud del sistema. Este hospital, uno de los más importantes del sur del Valle de Aburrá, ha sido históricamente reconocido por su buena gestión, su enfoque humano y la calidad del servicio. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de instituciones públicas, hoy enfrenta presiones que reflejan la fragilidad del modelo colombiano.
Un hospital que resiste, pero no es invencible
El HMUA ha sido ejemplo de administración eficiente, ampliación de servicios y cercanía con la comunidad. Pero incluso un hospital con estos indicadores positivos no ha podido escapar al impacto de las deudas acumuladas de las EPS, la alta demanda de servicios de urgencias y las tensiones presupuestales que golpean a todo el sistema. La realidad actual muestra salas llenas, tiempos de espera más largos y una presión constante sobre el talento humano en salud, que intenta responder pese al desgaste emocional y laboral.
Lo más alarmante es que, si una institución sólida como el Manuel Uribe Ángel empieza a mostrar síntomas de desbordamiento, ¿qué queda para los hospitales más pequeños o rurales? La salud pública colombiana ya no necesita advertencias: está pidiendo auxilio.
La reforma en el limbo y los pacientes en la incertidumbre
Mientras el país debate una reforma a la salud que avanza y retrocede como un acordeón político, los centros asistenciales siguen atendiendo bajo reglas difusas, recursos inciertos y procesos que nunca terminan de ajustarse. El ciudadano común queda atrapado entre discursos técnicos, intereses partidistas y promesas futuristas que no resuelven su urgencia inmediata.
El HMUA, como muchos hospitales municipales, depende de la claridad normativa y financiera que defina el Gobierno Nacional. Sin reglas claras y sin un flujo estable de recursos, cualquier avance local se ve amenazado.
Lo que Envigado y Colombia necesitan
Colombia requiere urgentemente un modelo de salud centrado en el paciente y blindado frente a la politiquería. La sostenibilidad de hospitales como el Manuel Uribe Ángel depende de tres elementos básicos:
- Financiación real y oportuna: no más pagos tardíos de las EPS.
- Estabilidad laboral para el personal de salud: la calidad depende de quienes atienden.
- Gestión transparente y técnica, alejada de cuotas políticas.
Envigado ha demostrado que la buena administración puede marcar la diferencia. Pero ningún municipio —ni siquiera uno con indicadores positivos— puede cargar solo con la crisis nacional.
Más historias
LE FALTA MUCHO CALOR BAJO LA HORQUETA…